domingo, 25 de agosto de 2013
AL DAIETA-BERÉBERES EN VASCONIA
FUENTE PROYECTO MAURANUS
PROYECTO MAURANUS
Desde hace unos meses está disponible, en la página de Agustín Azkarate Garai-Olaun (director de la excavación de la necrópolis de Aldaieta y comisario de la exposición ) en Academia.edu, el catálogo de "Vasconia, tierra intermedia", cuyos autores son el propio Agustín Azkarate e Iñaki García Camino (se puede descargar aquí). La publicación es muy interesante, tanto por las piezas (que son muy buenas) como por lo que se cuenta acerca de los cementerios de Vasconia en los siglos VII-VIII d. de C. y la interpretación que de ellos hacen ambos autores.
¿Y qué tiene todo esto que ver con la antigua entrada de este blog (¿Al-Daieta?) de la que ha tomado el título ésta? Pues lo siguiente: en las páginas 91 a 93 del catálogo se trata el tema del ya famoso (al menos por aquí) anillo aldaietense y se ofrece, por primera vez, una nueva interpretación, en la línea de lo que se adelantó en aquel Coloquio Internacional de 2010 en Vitoria y que ya comenté hace unos meses. Azkarate y García Camino dan la siguiente lectura de la que citan como inscripción cúfica (no "pseudocúfica"): "Allah Rabbi", que se traduciría como "Dios es mi Señor". Y también citan, aunque brevemente, la posibilidad de que haya que relacionar la presencia de ese anillo en la necrópolis con los enterramientos B3 y B4, los de los marcadores genéticos de origen norteafricano.
Imagino que todo esto no sea más que el punto de partida para futuros trabajos en los que se detallen tanto la lectura de la sortija (y ahí podrá debatirse sobre aspectos epigráficos y filológicos que me son casi completamente ajenos) como sus implicaciones. Y su relación con el haplogrupo "bereber". En ese sentido, en la nota nº 9 se anuncia la próxima publicación del estudio pormenorizado de los anillos a los que hacen referencia en el catálogo por parte de M. Paz de Miguel y M. Antonia Martínez, de las universidades de Alicante y Málaga, respectivamente.
En cualquier caso, me alegra comprobar que lo que presenté en el blog (¡en primicia!) como posibilidad parece haberse confirmado y deja abiertas un montón de puertas interpretativas muy interesantes. Habrá que estar atento.
miércoles, 24 de julio de 2013
LAS FRONTERAS DE VASCONIA
Las fronteras de Vasconia
La arqueología desvela paso a
paso que en Álava se estableció la frontera entre el reino visigodo de
Hispania y el Ducado de Vasconia
Vitoria. LA
historiografía oficial ha defendido que esta tierra, Álava, cuando se
extinguió el Imperio romano, quedó deshabitada para ser poblada luego
por no sé sabe quiénes, gentes que constituirían una especie de
república independiente que pactaría, unas veces con el Reino de León,
otras con el de Navarra. Nada más lejos de la realidad. Ya lo decía en
1808 el académico de la historia Juan Antonio Llorente en su libro Noticias de las Tres Provincias Vascongadas,
que es una recopilación comentada de documentación de los reinos de
Navarra y Castilla del siglo XII, a propósito del tratado del 15 de
abril de 1179, entre Sancho VI de Navarra y Alfonso VIII de Castilla.
"Esta escritura cierra todas las puertas de la cavilación, y demuestra
con evidencia que entre los estados de Castilla y Navarra no había otros
intermedios, y por consiguiente ninguna de las tres repúblicas
imaginarias del país vascongado".
En Álava, el trabajo de los arqueólogos demuestra la continuidad entre la población tardorromana y la altomedieval. Ahí están los hallazgos del basurero tardorromano de Heredia, publicados por Idoia Filloy; las excavaciones en los despoblados de Aistra y Zornostegi, realizadas por Juan Antonio Quirós y su equipo; los materiales encontrados en la colina de San Pelayo, en Alegría-Dulantzi, no suficientemente estudiados; la necrópolis de Aldaieta, en Langraitz Ganboa, ampliamente investigada por Agustín Azkarate; así como los recientes hallazgos de Miguel Loza y Javier Niso en San Martín de Dulantzi. Unido todo ello a los estudios acerca de la delimitación de un espacio de frontera militar entre Vasconia y la Hispania visigoda, llevados a cabo por Iñaki Martín Viso, Juan Plazaola y Aitzol Altuna, entre otros, estructura el panorama de una realidad histórica hasta hace poco escamoteada, cuando no negada.
Los vascones son un pueblo antiguo, cuyos integrantes que probablemente se llamaban a sí mismos eusko, fueron denominados uasci y ausci por los romanos, lo que originó las denominaciones gentilicias vascón y auskitano o aquitano, así como los nombres de las poblaciones de Auski, actual Auch, Euska/Oska (Huesca) o Viroueska (Briviesca), capital de los autrigones, entre otras. Es de resaltar que es en Aquitania donde se encuentran las manifestaciones escritas más antiguas de la lengua vasca o, por mejor decirlo, protovasca. Actualmente se considera que los distintos pueblos de esta área citados por los cronistas de la antigüedad, entre ellos, Sertorio, Crispo, Varrón, Plinio, Ptolomeo y Estrabón, pertenecían a un tronco común con influencias más o menos grandes de sus vecinos celtas. Todos ellos experimentaron bajo la administración de Roma un proceso aglutinador de cohesión.
La adaptación de estas informaciones de la antigüedad a circunstancias marcadas por el foralismo provocó que no se considerasen relacionados con los vascones más que a aquellos pueblos que encajaban en el marco geográfico de Euskal Herria, es decir, los territorios donde entonces, siglos XVIII-XIX, se hablaba la lengua vasca. Éstos serían los vascones propiamente dichos, los bárdulos, los caristios y los autrigones y los berones. Sin embargo, al margen de que algunos de estos pueblos rebasaban el mapa de Euskal Herria, debe considerarse como pertenecientes al mismo grupo que los vascones -el pirenaico occidental-, a otros pueblos, como los iaketani, los suessetani, los arenosi o los andosinos, así como los de la Novempopulania, es decir, los tarbelii, con capital en Akize/Aquae Tarbellicae/Dax, en las Landas, el Bearn y lo que llamamos Iparralde; los auscii, con capital en Elimberrum (Ilunberri)/Euska/Auch, en el actual departamento de Gers; los bigerrii, con capital en Turba/Tarbes, en Bigorra; los convenae, con capital en Lugdumum/Saint-Bertrand-de- Comminges, en la región de Comminges (Alto Garona); los consorani, en torno a Saint-Lizier, en la comarca del Couserans (Arièja); los lactorates, en torno a Lactura/Lectoure, que ocuparían las comarcas de Lomagne, al norte de Gers, y el Agénois; los elusatii, con capital en Elusa/Eauze, en el Bajo Armagnac; los vassei o vocates, con capital en Cossium/Bazas, en el sudeste de la Gironde; y los boii, con capital en Lamothe/Teich, en el País de Bug, en el suroeste de la Gironde. El emperador Diocleciano dividió a finales del siglo III la provincia de la Galia Aquitania en otras tres, Aquitania Primera, Aquitania Secunda y Novempopulania. Esta última se corresponde con la Gascogne, el actual nombre francés de la antigua Uasconia o Vasconia, Wasconia para los francos.
Antes de acabar el siglo V, ya había desaparecido el Imperio romano. El territorio europeo se dividía en múltiples estados, la mayoría originados por distintos pueblos germánicos, asentados sobre una base demográfica y administrativa romana. Hubo excepciones, la más notable, la Vasconia homogeneizada con el catalizador político de la romanidad, que una vez desaparecida la realidad imperial se constituyó como ducado en su territorio ancestral tras la expulsión de los germanos visigodos, quienes establecieron un reino en Hispania, de Aquitania en el año 507 por los francos merovingios y los vascones.
Tras la expulsión de los visigodos, el río Garona se constituyó como la frontera entre el Ducado de Vasconia y el reino de los francos merovingios. Sin embargo, por el sur la situación era diferente, ya que el nuevo reino visigodo de Hispania pretendía reconstruir los límites de las provincias romanas. Se oponían a esta pretensión los vascones. En suma, no sólo se enfrentaban dos pueblos, uno indígena y otro invasor, por el territorio y la soberanía, sino dos formas políticas contrapuestas, las representadas por el derecho pirenaico y el derecho germánico.
Los francos merovingios llamaron Wasconia al territorio de la antigua Novempopulania. Así figura en el mapa del Beato de Saint-Sever, copia del siglo XI de un original del siglo VIII. Las crónicas francas admiten que el territorio del Ducado de Vasconia comprendía no sólo la Novempopulania, sino también la Vasconia al sur de los Pirineos.
En el año 660 se habla de la unión de Vasconia y Aquitania con el gobierno de un duque llamado Félix, al que sucedería en 670 otro llamado Otsoa, Lupo en las crónicas latinas. El gobierno del duque Otsoa debió ser prolongado, ya que hasta el año 710 no hay noticias de un nuevo duque, de nombre Eudón, al parecer, hijo del primero. Las crónicas francas dicen que el duque vascón Eudón, nada más empezar su reinado, tuvo que defender la Vasconia transpirenaica del ataque del rey godo Roderico. Esta circunstancia coincide con las crónicas andalusís, donde se informa de que "cuando Roderico recibió noticia de la invasión [de los musulmanes], estaba en territorio de Pamplona luchando contra los vascones". Aquello aconteció en el año 711.
La frontera Hasta ese momento el ducado de Vasconia y el reino godo de Hispania habían mantenido una oscilante frontera militar, cuya retaguardia, según revela la arqueología, se determina por la presencia de necrópolis de claro carácter guerrero, relacionadas con tipologías aquitanas, que marcan una línea entre Buzaga (Elorz), Pamplona, San Pelayo (Alegría-Dulantzi), Aldaieta (Langraitz Ganboa), en la Llanada Alavesa, y Finaga, en Basauri (Bizkaia). Más al sur se encuentra una zona de complicada orografía, en la que abundan los eremitorios troglodíticos, que podría corresponder a una tierra de nadie, habitada por vascones pero sometida a las incursiones tanto visigóticas, primero, como astures y musulmanas más tarde. Juan Plazaola se pregunta (RIEV 45/2/2000), "¿habrá que pensar que eran precisamente esos eremitorios los que marcaban el limes que quisieron mantener y garantizar los vascones?".
Justamente en Alegría-Dulantzi, en el transcurso de unas excavaciones desarrolladas entre noviembre de 2009 y mayo de 2010, dirigidas por los arqueólogos Miguel Loza Uriarte y Javier Niso Lorenzo, se realizó el hallazgo de los restos de una gran edificación, datada entre los siglos VI y VII, con trazas de haber sufrido saqueos y arrasamientos posteriores. Este edificio sería contemporáneo de los yacimientos citados, perdurando como tal hasta finales del siglo VIII, época en que la Llanada fue objeto de ataques por parte del emirato de Córdoba, y siendo usado como almacén hasta el siglo X. Este hallazgo, en opinión de los arqueólogos, deja constancia de cómo "una vez más ha quedado claro que los habitantes de los pueblos históricos alaveses son la herencia directa de sus antepasados premedievales".
Cambio de tornas Carlos Martel, mayordomo de palacio del reino de Austrasia, acabó con la dinastía merovingia, ejerciendo ilegítimamente como rey de los francos, legando el poder a sus hijos Carlomán y Pipino a su muerte en 741. Antes, en 732, el emir de Córdoba, Abd-el-Rahman, pretendió la conquista de Vasconia-Aquitania y del reino franco. Eudón se vio obligado a pedir ayuda a Carlos Martel y ambos ejércitos vencieron a los musulmanes en las cercanías de Poitiers. A partir de ese momento, las relaciones de Vasconia con los francos fueron cada vez más difíciles, hasta que Carlomagno, hijo de Pipino, quien desde 747 era el único rey de los francos, rebasó el Garona en 769, venciendo al nuevo duque Hunaldo II. Carlomagno intentará también la conquista de la Vasconia surpirenaica, pero será vencido por los vascones en Orreaga en 778.
Los vascones se rebelaron contra los carolingios, una vez más, en 787, encabezados por el duque Adeleriko, pero fueron vencidos en 790. El nuevo rey franco, Ludovico Pío, intentará nuevamente conquistar la Vasconia transpirenaica, siendo derrotado otra vez por los vascones en Orreraga en 823. Esta victoria sería el detonante para la transformación de lo que quedaba del Ducado de Vasconia en reino, bajo el gobierno de Eneko Arista.
La crónica de Eginardo, titulada Vita Karoli Magni, escrita entre 829 y 836, describe los dominios de Carlomagno. "Él mismo [Carlomagno] en memorable guerra sometió primero a Aquitania y a Vasconia y todos los montes Pirineos y hasta el río Ebro, que nace junto a [las tierras de] los navarros". De lo que se deduce que los carolingios consideraban el área descrita como un todo, como un solo país que iba del Garona al Ebro y desde las fuentes de ese río, hasta las del otro en los montes Pirineos y, en segundo lugar, que los vascones rebeldes al poder carolingio, aglutinados en torno a la Iruña de Pamplona, se denominaban a sí mismos navarros.
La crónica de Alfonso III, redactada en la segunda mitad del siglo IX, pero que remite a los hechos del reinado de Alfonso I (739-757), informa de que "Álava, Bizkaia, Alaon (¿Ayala?) y Orduña, ocurre que están poseídas por los suyos, del mismo modo que Pamplona, Deio y la Berrueza". Junto a esa constatación de la independencia y la unidad de los vascones, queda en evidencia la constante presión del reino astur sobre Vasconia a lo largo de todo el siglo VIII, continuadora de la de los visigodos.
En resumen, no es posible entender la historia de las sucesivas entidades estatales navarras, reino de Pamplona, reino de Pamplona y Aragón, reino de Navarra y Corona de Navarra, sin remitirnos a la realidad previa del Ducado de Vasconia, tal como se desarrolla su historia entre los siglos VI y principios del IX.
Así lo entendía Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra, cuando en su testamento, fechado en 1191, legaba a su esposa Berenguela, hija de Sancho VI y hermana de Sancho VII, reyes de Navarra, todas sus posesiones "en Vasconia más allá del Garona".
En Álava, el trabajo de los arqueólogos demuestra la continuidad entre la población tardorromana y la altomedieval. Ahí están los hallazgos del basurero tardorromano de Heredia, publicados por Idoia Filloy; las excavaciones en los despoblados de Aistra y Zornostegi, realizadas por Juan Antonio Quirós y su equipo; los materiales encontrados en la colina de San Pelayo, en Alegría-Dulantzi, no suficientemente estudiados; la necrópolis de Aldaieta, en Langraitz Ganboa, ampliamente investigada por Agustín Azkarate; así como los recientes hallazgos de Miguel Loza y Javier Niso en San Martín de Dulantzi. Unido todo ello a los estudios acerca de la delimitación de un espacio de frontera militar entre Vasconia y la Hispania visigoda, llevados a cabo por Iñaki Martín Viso, Juan Plazaola y Aitzol Altuna, entre otros, estructura el panorama de una realidad histórica hasta hace poco escamoteada, cuando no negada.
Los vascones son un pueblo antiguo, cuyos integrantes que probablemente se llamaban a sí mismos eusko, fueron denominados uasci y ausci por los romanos, lo que originó las denominaciones gentilicias vascón y auskitano o aquitano, así como los nombres de las poblaciones de Auski, actual Auch, Euska/Oska (Huesca) o Viroueska (Briviesca), capital de los autrigones, entre otras. Es de resaltar que es en Aquitania donde se encuentran las manifestaciones escritas más antiguas de la lengua vasca o, por mejor decirlo, protovasca. Actualmente se considera que los distintos pueblos de esta área citados por los cronistas de la antigüedad, entre ellos, Sertorio, Crispo, Varrón, Plinio, Ptolomeo y Estrabón, pertenecían a un tronco común con influencias más o menos grandes de sus vecinos celtas. Todos ellos experimentaron bajo la administración de Roma un proceso aglutinador de cohesión.
La adaptación de estas informaciones de la antigüedad a circunstancias marcadas por el foralismo provocó que no se considerasen relacionados con los vascones más que a aquellos pueblos que encajaban en el marco geográfico de Euskal Herria, es decir, los territorios donde entonces, siglos XVIII-XIX, se hablaba la lengua vasca. Éstos serían los vascones propiamente dichos, los bárdulos, los caristios y los autrigones y los berones. Sin embargo, al margen de que algunos de estos pueblos rebasaban el mapa de Euskal Herria, debe considerarse como pertenecientes al mismo grupo que los vascones -el pirenaico occidental-, a otros pueblos, como los iaketani, los suessetani, los arenosi o los andosinos, así como los de la Novempopulania, es decir, los tarbelii, con capital en Akize/Aquae Tarbellicae/Dax, en las Landas, el Bearn y lo que llamamos Iparralde; los auscii, con capital en Elimberrum (Ilunberri)/Euska/Auch, en el actual departamento de Gers; los bigerrii, con capital en Turba/Tarbes, en Bigorra; los convenae, con capital en Lugdumum/Saint-Bertrand-de- Comminges, en la región de Comminges (Alto Garona); los consorani, en torno a Saint-Lizier, en la comarca del Couserans (Arièja); los lactorates, en torno a Lactura/Lectoure, que ocuparían las comarcas de Lomagne, al norte de Gers, y el Agénois; los elusatii, con capital en Elusa/Eauze, en el Bajo Armagnac; los vassei o vocates, con capital en Cossium/Bazas, en el sudeste de la Gironde; y los boii, con capital en Lamothe/Teich, en el País de Bug, en el suroeste de la Gironde. El emperador Diocleciano dividió a finales del siglo III la provincia de la Galia Aquitania en otras tres, Aquitania Primera, Aquitania Secunda y Novempopulania. Esta última se corresponde con la Gascogne, el actual nombre francés de la antigua Uasconia o Vasconia, Wasconia para los francos.
Antes de acabar el siglo V, ya había desaparecido el Imperio romano. El territorio europeo se dividía en múltiples estados, la mayoría originados por distintos pueblos germánicos, asentados sobre una base demográfica y administrativa romana. Hubo excepciones, la más notable, la Vasconia homogeneizada con el catalizador político de la romanidad, que una vez desaparecida la realidad imperial se constituyó como ducado en su territorio ancestral tras la expulsión de los germanos visigodos, quienes establecieron un reino en Hispania, de Aquitania en el año 507 por los francos merovingios y los vascones.
Tras la expulsión de los visigodos, el río Garona se constituyó como la frontera entre el Ducado de Vasconia y el reino de los francos merovingios. Sin embargo, por el sur la situación era diferente, ya que el nuevo reino visigodo de Hispania pretendía reconstruir los límites de las provincias romanas. Se oponían a esta pretensión los vascones. En suma, no sólo se enfrentaban dos pueblos, uno indígena y otro invasor, por el territorio y la soberanía, sino dos formas políticas contrapuestas, las representadas por el derecho pirenaico y el derecho germánico.
Los francos merovingios llamaron Wasconia al territorio de la antigua Novempopulania. Así figura en el mapa del Beato de Saint-Sever, copia del siglo XI de un original del siglo VIII. Las crónicas francas admiten que el territorio del Ducado de Vasconia comprendía no sólo la Novempopulania, sino también la Vasconia al sur de los Pirineos.
En el año 660 se habla de la unión de Vasconia y Aquitania con el gobierno de un duque llamado Félix, al que sucedería en 670 otro llamado Otsoa, Lupo en las crónicas latinas. El gobierno del duque Otsoa debió ser prolongado, ya que hasta el año 710 no hay noticias de un nuevo duque, de nombre Eudón, al parecer, hijo del primero. Las crónicas francas dicen que el duque vascón Eudón, nada más empezar su reinado, tuvo que defender la Vasconia transpirenaica del ataque del rey godo Roderico. Esta circunstancia coincide con las crónicas andalusís, donde se informa de que "cuando Roderico recibió noticia de la invasión [de los musulmanes], estaba en territorio de Pamplona luchando contra los vascones". Aquello aconteció en el año 711.
La frontera Hasta ese momento el ducado de Vasconia y el reino godo de Hispania habían mantenido una oscilante frontera militar, cuya retaguardia, según revela la arqueología, se determina por la presencia de necrópolis de claro carácter guerrero, relacionadas con tipologías aquitanas, que marcan una línea entre Buzaga (Elorz), Pamplona, San Pelayo (Alegría-Dulantzi), Aldaieta (Langraitz Ganboa), en la Llanada Alavesa, y Finaga, en Basauri (Bizkaia). Más al sur se encuentra una zona de complicada orografía, en la que abundan los eremitorios troglodíticos, que podría corresponder a una tierra de nadie, habitada por vascones pero sometida a las incursiones tanto visigóticas, primero, como astures y musulmanas más tarde. Juan Plazaola se pregunta (RIEV 45/2/2000), "¿habrá que pensar que eran precisamente esos eremitorios los que marcaban el limes que quisieron mantener y garantizar los vascones?".
Justamente en Alegría-Dulantzi, en el transcurso de unas excavaciones desarrolladas entre noviembre de 2009 y mayo de 2010, dirigidas por los arqueólogos Miguel Loza Uriarte y Javier Niso Lorenzo, se realizó el hallazgo de los restos de una gran edificación, datada entre los siglos VI y VII, con trazas de haber sufrido saqueos y arrasamientos posteriores. Este edificio sería contemporáneo de los yacimientos citados, perdurando como tal hasta finales del siglo VIII, época en que la Llanada fue objeto de ataques por parte del emirato de Córdoba, y siendo usado como almacén hasta el siglo X. Este hallazgo, en opinión de los arqueólogos, deja constancia de cómo "una vez más ha quedado claro que los habitantes de los pueblos históricos alaveses son la herencia directa de sus antepasados premedievales".
Cambio de tornas Carlos Martel, mayordomo de palacio del reino de Austrasia, acabó con la dinastía merovingia, ejerciendo ilegítimamente como rey de los francos, legando el poder a sus hijos Carlomán y Pipino a su muerte en 741. Antes, en 732, el emir de Córdoba, Abd-el-Rahman, pretendió la conquista de Vasconia-Aquitania y del reino franco. Eudón se vio obligado a pedir ayuda a Carlos Martel y ambos ejércitos vencieron a los musulmanes en las cercanías de Poitiers. A partir de ese momento, las relaciones de Vasconia con los francos fueron cada vez más difíciles, hasta que Carlomagno, hijo de Pipino, quien desde 747 era el único rey de los francos, rebasó el Garona en 769, venciendo al nuevo duque Hunaldo II. Carlomagno intentará también la conquista de la Vasconia surpirenaica, pero será vencido por los vascones en Orreaga en 778.
Los vascones se rebelaron contra los carolingios, una vez más, en 787, encabezados por el duque Adeleriko, pero fueron vencidos en 790. El nuevo rey franco, Ludovico Pío, intentará nuevamente conquistar la Vasconia transpirenaica, siendo derrotado otra vez por los vascones en Orreraga en 823. Esta victoria sería el detonante para la transformación de lo que quedaba del Ducado de Vasconia en reino, bajo el gobierno de Eneko Arista.
La crónica de Eginardo, titulada Vita Karoli Magni, escrita entre 829 y 836, describe los dominios de Carlomagno. "Él mismo [Carlomagno] en memorable guerra sometió primero a Aquitania y a Vasconia y todos los montes Pirineos y hasta el río Ebro, que nace junto a [las tierras de] los navarros". De lo que se deduce que los carolingios consideraban el área descrita como un todo, como un solo país que iba del Garona al Ebro y desde las fuentes de ese río, hasta las del otro en los montes Pirineos y, en segundo lugar, que los vascones rebeldes al poder carolingio, aglutinados en torno a la Iruña de Pamplona, se denominaban a sí mismos navarros.
La crónica de Alfonso III, redactada en la segunda mitad del siglo IX, pero que remite a los hechos del reinado de Alfonso I (739-757), informa de que "Álava, Bizkaia, Alaon (¿Ayala?) y Orduña, ocurre que están poseídas por los suyos, del mismo modo que Pamplona, Deio y la Berrueza". Junto a esa constatación de la independencia y la unidad de los vascones, queda en evidencia la constante presión del reino astur sobre Vasconia a lo largo de todo el siglo VIII, continuadora de la de los visigodos.
En resumen, no es posible entender la historia de las sucesivas entidades estatales navarras, reino de Pamplona, reino de Pamplona y Aragón, reino de Navarra y Corona de Navarra, sin remitirnos a la realidad previa del Ducado de Vasconia, tal como se desarrolla su historia entre los siglos VI y principios del IX.
Así lo entendía Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra, cuando en su testamento, fechado en 1191, legaba a su esposa Berenguela, hija de Sancho VI y hermana de Sancho VII, reyes de Navarra, todas sus posesiones "en Vasconia más allá del Garona".
jueves, 20 de junio de 2013
EL DOMINIO BERÉBER EN LOS PIRINEOS OCCIDENTALES Y EN EL CANTÁBRICO ORIENTAL
La existencia de euskaldunes musulmanes en la Ribera
Es un hecho cierto que ha habido durante
muchos siglos en las localidades de la Ribera euskaldunes de religión
musulmana lo que no dejará de sorprender a algunos, no tanto por lo
verosímil de la información como por los prejuicios ideológicos y
religiosos que les impiden verlo con normalidad, quizás por la ignorante
y políticamente interesada reducción de lo vasco a la montaña,
impulsada por los conquistadores castellanos desde el siglo XVI.
Los nombres de persona euskéricos
reflejados en la documentación de los siglos XI al XVI de la Ribera
Tudelana recopilados por Jabier Sainz Pezonaga nos dejan constancia de
los nombres de numerosos musulmanes, según acaba de publicar en Fontes
Linguae Vasconum: “Se nos plantea la existencia en la Ribera de
Navarra de moros euskaldunes, de gentes de religión musulmana
vasco-parlantes”. “Nos abre la perspectiva de considerar la pervivencia
del euskera en la Ribera durante los siglos de la dominación musulmana
en convivencia con la lengua árabe y el romance mozárabe”, aunque también habría euskaldunes mozarabes.
A las investigaciones del citado autor
hay que añadir las publicadas en los últimos años por José Mª Jimeno
Jurio, Martín Martínez Saenz de Jubera y Erlanz Urtasun -este último ha
descubierto un pleito de 1535 donde todos los testigos agricultores de
Tudela y comarca afirmaban que para ser veterinario allí era necesario
saber euskera- en fin todos ellos han puesto de manifiesto la existencia
de pruebas irrefutables sobre la continuación del euskara en el Valle
del Ebro incluida su margen derecha durante las épocas, romana, goda y
musulmana.
El Jurado de la Aljama de Tudela el año
1309 era Mahoma Ocharra u Oxarra. Otros moros navarros: Mahoma Ezquerro
en Ablitas, Abarqua en Cortes y Ribaforada, Çuri judío de Tudela, Çurra,
Gazcarro, Caparra, Zatiquero, Barrena, etc. En Ribaforada, Cascante,
Monteagudo, Cintruenigo, Corella, Araciel, Cabanillas, Fustiñana,
Arguedas y Cortes es común el apellido “Navarro” entre los moros de
dichos pueblos. El motivo es su significado étnico-lingüístico. Es
decir, son riberos euskaldunes autóctonos de religión musulmana.
La Vasconia musulmana y su influencia en la historia navarra
La realidad histórica nos muestra que
con los diferentes conquistadores que ha padecido esta tierra se pueden
hacer dos grupos; primero, los que a pesar de todo dejaron como balance
un fortalecimiento político y cultural y también desarrollo económico:
Roma y los musulmanes; segundo, los que por el contrario han ocasionado
una secuela de destrucción y retraso: celtas, visigodos y castellanos.
En esta reflexión nos vamos a detener con los musulmanes.
Desde el punto de vista geopolítico
además de la Navarra reducida existe la Navarra marítima y la Navarra
Norpirenaica o gascona, pero también hubo una Navarra musulmana, o
Vasconia islámica, todo ello dentro del espacio vascón circumpirenaico y
sus cuencas del Ebro y Garona.
La realidad vascona del Alto Valle del
Ebro está acreditada durante toda la época romana, en el siglo V el
escritor de Calahorra Prudencio nos habla del Valle del Ebro vascón, y
también antes, pues la penetración céltica constatada a partir del siglo
VI a. de C. desaparece con Roma en el siglo II a. de C. Esta condición
vascona, política y cultural, no acaba en la época de la vecina Hispania
visigoda, siglos VI y VII, ni después con los musulmanes, siglos VIII a
comienzo del XII. Durante dichos periodos de tiempo no hubo cambios
demográficos reseñables, prácticamente ninguno con las incursiones godas
y pequeños con los musulmanes.
La historiografía en general ha obviado
la influencia que tuvo en el conjunto de Vasconia su ámbito musulmán. No
se ha tenido en cuenta ni se ha estudiado suficientemente el papel de
esta realidad histórica y su repercusión. Hasta el punto de que sin la
presencia de los vascones musulmanizados no sería posible entender la
historia de Navarra.
Hay quienes desde la historiografia
gran-nacional española han querido ver en el Conde Casius, iniciador de
la familia de los muladíes Banu Qasi, a un noble godo. Sin embargo, es
mucho más verosímil, con las fuentes disponibles, que Casius fuese un “possessor” o “rico hombre”,
cuyo asentamiento familiar, por ubicación geográfica y política,
radicaba en la zona de Borja, Tarazona, Alfaro, Cascante y Calahorra,
que hundía sus raíces entre los romano-vascones del Valle del Ebro.
Casius a la llegada de los musulmanes al
Valle del Ebro abrazó su religión, siendo el origen de la familia Banu
Qasi, pero siguió manteniendo las intensas relaciones políticas y de
parentesco con los demás dirigentes vascones vecinos. Casius estableció
juramento de fidelidad con los Califas Omeyas de Damasco a donde se
trasladó personalmente, vínculo que se mantuvo durante doscientos años
hasta la caída de los Omeyas de Córdoba lo que coincide también con el
fin de los Banu Qasi.
La viuda del padre de Eneko Aritza, se
casó con el Banu Qasi Fortun ben Fortun, por lo que Eneko Aritza primer
rey de Pamplona y Muza ben Muza señor de los riberos musulmanes eran
hermanos. Este pequeño “reino” musulmán actúa formando parte
del emirato y a veces de forma casi independiente. En el año 824 al
proteger a los vascones de Pamplona del califato cordobés, se hizo
posible la consolidación del Reino de Pamplona frente al expansionismo
franco. Primero Muza ben Fortún y después Muza ben Muza al mando de la
Vasconia musulmana fueron el apoyo más eficaz de Eneko Aritza en el
nacimiento y consolidación del Reino de Pamplona.
Los tudelanos y Sancho III el Mayor
El episodio, que ha llegado hasta
nosotros relatado por un testigo, que se recoge en la dajira de Ibn
Bassam, nos deja constancia de cómo los tudelanos en tiempo de Sancho
III el Mayor, desobedeciendo al regulo de Zaragoza, y defendiendo los
intereses del citado rey de los vascones, cortan el paso al Conde de
Castilla que se dirigía a establecer una alianza con el Conde de
Barcelona contra Navarra: Pero las gentes de Tudela, entonces
altivos y poderosos, desaprobaron aquello y decidieron contrariarle para
evitar el baldón [de dejar pasar al Conde], que enterado de todo esto,
cuando estuvo cerca de la ciudad, envió mensajeros para convocar a una
comisión de sus notables con los que hablaría en el camino”. Pero
la mayoría de los tudelanos considerándolo enemigo quiso atacarle y el
castellano Sancho les repelió. Entonces los musulmanes riberos se
encerraron tras sus murallas y el Conde de Castilla siguió su camino.
Las informaciones que proporcionan las
fuentes musulmanas hablan de la llegada de habitantes a Tudela para
repoblarla procedentes de las localidades de su entorno, de la misma
Cascantum pues como señala Juan José Bienes Calvo los restos
arqueológicos que abundan en el subsuelo de la ciudad nos retrotraen a
la I Edad del Hierro, y a toda la época romana, sin solución de
continuidad, afirmando que la Caiscata indígena estaba en Tudela y que
sólo cuando se trazó la calzada romana del Valle del Ebro se trasladó a
la nueva Cascantum en el mismo Valle del Queiles, quedando la población
anterior dependiendo del Cascantum, Municipio Latino Viejo.
La primera noticia sobre Tudela es del
momento en que los vascones de Pamplona quizás dominados temporalmente
por los francos, aliados con los Banu Qasi atacan el año 802-3 “Madinat Tutila”, a la que toman y hacen prisionero a su emir Yusuf ben Amrus ben Yusuf.
En el Cerro de Santa Bárbara se alzaba
el alcazar musulmán, transformado posteriormente por los reyes de
Navarra en castillo y palacio. Durante el siglo XVI tras la conquista
española fue derribado en gran parte. Al mismo tiempo que eran
perseguidos y aún expulsados a África, aquellos musulmanes euskaldunes
originarios de la Ribera, aunque otros muchos se convirtieron al
cristianismo por las conminaciones de la Inquisición. Todo ello puede
explicar la mayor resistencia a la conquista castellana que tuvo la
merindad de Tudela.
Las construcciones musulmanas cuyos
restos arqueológicos están apareciendo dan fe de la importancia de
Tudela. Así los elegantes roleos de su Mezquita Mayor, encontrados en
la actual catedral que la reemplazó, fueron el cercano modelo de los
numerosos roleos, así como otros motivos y decoraciones arquitectónicas,
entremezclados con canecillos y modillones que adornan prácticamente
todas las iglesias románicas de la Navarra cristiana.
Por mucho que algunos se empeñen en
tergiversar estos hechos con la intención de apuntalar la impostura
historiográfica gran-nacional española y francesa, la historia es
sencillamente la realidad.
Tomás Urzainqui Mina
Como epílogo quiero mencionar de forma muy breve el caso de la necrópolis de Aldaieta,
en Álava (todo un clásico en este blog, aunque nunca le hemos dedicado
una entrada monográfica y eso es algo que va a cambiar pronto...),
fechada entre los siglos VI y VII d. de C. y en donde los análisis de ADN mitocondrial antiguo
detectaron la presencia de marcadores genéticos de origen norteafricano
en dos individuos, muy probablemente emparentados. Las fechas manejadas
para el yacimiento permitieron a los autores del estudio presentar esos
resultados como la prueba de una llegada de gentes del Norte de África a
la Península con anterioridad a la invasión de 711. Sin embargo y como
veremos en una próxima entrada, en este momento esa afirmación ha de
ponerse en cuarentena.
martes, 18 de junio de 2013
VASCONES, ALIADOS DE LOS ROMANOS CONTRA CÁNTABROS Y ASTURES, CAPÍTULO II
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3177295
¿Vascones en las filas romanas durante el Bellum Cantabricum?La moneda-colgante del Campo de Las Cercas (Cantabria)
- Autores: Antxoka Martínez Velasco
- Localización: Zephyrus: Revista de prehistoria y arqueología, ISSN 0514-7336, Nº 64, 2009 , págs. 133-139
- Títulos paralelos:
- Vascones in the Roman army during the Bellum Cantabricum?: The coin pendant appeared in Campo de Las Cercas (Cantabria)
-
Resumen
- españolEntre
las monedas recuperadas en el campamento romano de El Campo de Las
Cercas, se encuentra un denario perforado emitido por una ceca vascona.
Se propone su identificación como colgante de un auxiliar de procedencia
vascona que participó en las Guerras Cántabras.
- EnglishA
Vasconian coin recovered from the Roman military camp known as El Campo
de Las Cercas is interpreted as a hanging object used by a Vasconian
auxiliary during the Cantabrian Wars.
- españolEntre
las monedas recuperadas en el campamento romano de El Campo de Las
Cercas, se encuentra un denario perforado emitido por una ceca vascona.
Se propone su identificación como colgante de un auxiliar de procedencia
vascona que participó en las Guerras Cántabras.
VASCONES, ALIADOS DE LOS ROMANOS CONTRA CÁNTABROS Y ASTURES CAPÍTULO I
Hibai Castro graba el ‘lapidem’, la piedra funeraria que describe los méritos de Mocconio, funcionario de Roma.
http://www.deia.com/2013/06/04/ocio-y-cultura/que-mundo/roma-domuit-vascones
Roma domuit vascones
Roma domuit vascones
Una lápida ratifica que los vascos estuvieron sometidos al Imperio Romano
BILBAO
AÑO 2012 d. C. Se rueda un documental con romanos y vascones de por medio. ¿Por qué? Porque dos asociaciones culturales de Bilbao (Ibaizabal Mendebalde y Zenbat Gara) se afanan desde hace tiempo en sacar adelante un proyecto faraónico: Euskara Jendea (La historia de nuestra lengua, la lengua de nuestra historia), una serie de seis documentales que mostrará los orígenes y el devenir de un pequeño pueblo y de un idioma que ha sobrevivido en el mismo lugar durante milenios. Se trata de la versión audiovisual del libro Vascos, escrito por Xamar.
Volvemos a 2012. Los responsables de Euskara Jendea están en plena faena, rodando el segundo de los documentales, En el Imperio Romano, y mientras investigan se encuentran con una lápida curiosa, escrita en honor a Caius Mocconious Verus (Mocconio Vero), funcionario de Roma que, entre otras cosas, realizaba censos para el Imperio. En la piedra se glosan los méritos del tal Vero, entre los que figura el haber realizado un censo en 24 ciudades vasconas y várdulas. Se dispara el asombro entre el equipo de Euskara Jendea, que es consciente de que está ante una pieza única que despeja dudas sobre un tema manido pero sumamente delicado: ¿cedieron los vascones ante el empuje del águila romana? La losa del tal Vero ratifica lo que algunos ya sabían: sí.
El equipo de Euskara Jendea mostró ayer imágenes inéditas de la citada lápida, que nos transporta al siglo I o II antes de Cristo. "Roma hacía censos y en ellos recogía información de los ciudadanos, y eso significa que esas ciudades estaban sometidas al Imperio", explicaba ayer en Bilbao Mertxe Urteaga, directora del Museo Romano Oiasso. Ella fue quien puso a los promotores de Euskara Jendea tras la pista de la lápida. "Nos señaló la existencia de esta losa y decidimos buscarla", apuntaba ayer Hibai Castro, uno de los responsables del proyecto.
Aunque la lápida se encontró hace años en Roma, su pista se había perdido, hasta que dieron con su rastro en una investigación epigráfica de la arqueóloga italiana Laura Chioffi. Ella fue quien les dijo que la lápida estaba en el Museo Louvre de París. "Nos fuimos para allá y encontramos la pieza en el almacén de Saint Denis, allí donde van a parar todas las piezas que no tiene cabida en el Louvre", abundaba Castro.
El Museo Oiasso ya ha comenzado los trámites para traer la pieza a Euskal Herria. "El hecho de que Mocconio Vero censara esas 24 ciudades y dejara testimonio de ello tiene un enorme valor histórico", explicaron los responsables de Euskara Jendea. Eso sí, no será fácil conocer la razón que llevó al tal Vero a realizar los censos, pero, según Urteaga, lo más interesante es el número de ciudades censadas: "La Guía Geográfica de Ptolomeo (100-170 d. de C.), contemporáneo de Mocconio, también recoge 24 ciudades, y este último hallazgo no hace más que corroborar lo que detalló Ptolomeo". Este hallazgo refuerza una paradoja que sigue asombrando a historiadores y lingüistas: los romanos controlaron Vasconia por completo, pero los vascos mantuvieron su lengua, cuando muchas otras desaparecieron.
Poco que ver, por tanto, con la aldea irreductible (¡oh, Astérix el Galo!), con guerras interminables y enconadas resistencias. Roma veni, vidi, vici, y explotaron las riquezas de nuestro territorio durante cinco siglos. Quien albergue dudas al respecto puede pasarse un día por el Museo Oiasso, en Irun, donde se recoge de forma precisa (y preciosa) el paso de las legiones del águila por nuestra geografía, que se extendía entonces desde el río Garona hasta Calahorra y más allá.
AÑO 2012 d. C. Se rueda un documental con romanos y vascones de por medio. ¿Por qué? Porque dos asociaciones culturales de Bilbao (Ibaizabal Mendebalde y Zenbat Gara) se afanan desde hace tiempo en sacar adelante un proyecto faraónico: Euskara Jendea (La historia de nuestra lengua, la lengua de nuestra historia), una serie de seis documentales que mostrará los orígenes y el devenir de un pequeño pueblo y de un idioma que ha sobrevivido en el mismo lugar durante milenios. Se trata de la versión audiovisual del libro Vascos, escrito por Xamar.
Volvemos a 2012. Los responsables de Euskara Jendea están en plena faena, rodando el segundo de los documentales, En el Imperio Romano, y mientras investigan se encuentran con una lápida curiosa, escrita en honor a Caius Mocconious Verus (Mocconio Vero), funcionario de Roma que, entre otras cosas, realizaba censos para el Imperio. En la piedra se glosan los méritos del tal Vero, entre los que figura el haber realizado un censo en 24 ciudades vasconas y várdulas. Se dispara el asombro entre el equipo de Euskara Jendea, que es consciente de que está ante una pieza única que despeja dudas sobre un tema manido pero sumamente delicado: ¿cedieron los vascones ante el empuje del águila romana? La losa del tal Vero ratifica lo que algunos ya sabían: sí.
El equipo de Euskara Jendea mostró ayer imágenes inéditas de la citada lápida, que nos transporta al siglo I o II antes de Cristo. "Roma hacía censos y en ellos recogía información de los ciudadanos, y eso significa que esas ciudades estaban sometidas al Imperio", explicaba ayer en Bilbao Mertxe Urteaga, directora del Museo Romano Oiasso. Ella fue quien puso a los promotores de Euskara Jendea tras la pista de la lápida. "Nos señaló la existencia de esta losa y decidimos buscarla", apuntaba ayer Hibai Castro, uno de los responsables del proyecto.
Aunque la lápida se encontró hace años en Roma, su pista se había perdido, hasta que dieron con su rastro en una investigación epigráfica de la arqueóloga italiana Laura Chioffi. Ella fue quien les dijo que la lápida estaba en el Museo Louvre de París. "Nos fuimos para allá y encontramos la pieza en el almacén de Saint Denis, allí donde van a parar todas las piezas que no tiene cabida en el Louvre", abundaba Castro.
El Museo Oiasso ya ha comenzado los trámites para traer la pieza a Euskal Herria. "El hecho de que Mocconio Vero censara esas 24 ciudades y dejara testimonio de ello tiene un enorme valor histórico", explicaron los responsables de Euskara Jendea. Eso sí, no será fácil conocer la razón que llevó al tal Vero a realizar los censos, pero, según Urteaga, lo más interesante es el número de ciudades censadas: "La Guía Geográfica de Ptolomeo (100-170 d. de C.), contemporáneo de Mocconio, también recoge 24 ciudades, y este último hallazgo no hace más que corroborar lo que detalló Ptolomeo". Este hallazgo refuerza una paradoja que sigue asombrando a historiadores y lingüistas: los romanos controlaron Vasconia por completo, pero los vascos mantuvieron su lengua, cuando muchas otras desaparecieron.
Poco que ver, por tanto, con la aldea irreductible (¡oh, Astérix el Galo!), con guerras interminables y enconadas resistencias. Roma veni, vidi, vici, y explotaron las riquezas de nuestro territorio durante cinco siglos. Quien albergue dudas al respecto puede pasarse un día por el Museo Oiasso, en Irun, donde se recoge de forma precisa (y preciosa) el paso de las legiones del águila por nuestra geografía, que se extendía entonces desde el río Garona hasta Calahorra y más allá.
jueves, 23 de mayo de 2013
LA LOCURA DEL II RECTOR DE LA UAM; EL ULTRAFRANQUISTA JULIO RODRIGUEZ MARTINEZ
http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Rodr%C3%ADguez_Mart%C3%ADnez
Julio Rodríguez Martínez fue Doctor en Ciencias y en Farmacia por la Universidad de Madrid, catedrático de Cristalografía y Mineralogía en la Universidad de Salamanca y en la Universidad Autónoma de Madrid, de la que también fue rector1 Estuvo vinculado al partido Fuerza Nueva, de Blas Piñar.
Miembro del Opus Dei, procurador en Cortes entre 1971 y 1977, fue nombrado Ministro de Educación del gobierno de Carrero Blanco el 9 de junio de 1973. Tras el asesinato del almirante fue cesado poco después, el 3 de enero de 1974
http://iesonoies.wordpress.com/2010/03/31/veraneo-sin-suspensos-la-....
El año 1973 cien mil estudiantes españoles que acababan de terminar el bachillerato tuvieron, por orden del Ministerio de Educación, siete meses de vacaciones de verano: desde mayo de ese año hasta enero del año siguiente. Un nombramiento atolondrado, un excéntrico ministro, una decisión tomada sin consultar a nadie y un atentado terrorista se conjuraron para que tal cosa sucediera una sola vez, para pasmo de profesores, padres, ciudadanos en general y del propio gobierno franquista, y sobre todo, para regocijo de los estudiantes que aquel año pasaron unas inolvidables vacaciones de siete meses, las más largas que recuerde la historia de la educación española en tiempos de paz.
Esta es la semiolvidada y verdadera historia de cómo tuvo lugar esa conjunción de sucesos, de cómo nadie hizo nada por evitarlos, y de cómo se salió del embrollo académico a golpe de decreto. Pónganse cómodos porque la historia es larga de contar.
Corría el año 1973 y el régimen de Franco estaba moribundo. El Generalísimo decide nombrar presidente del gobierno a Carrero Blanco. Un cambio en la presidencia implicaba hacer movimientos en los ministerios, de manera que Villar Palasí, que se encontraba al frente del de Educación y Ciencia, fue cesado. Su sucesor, por orden de Carrero Blanco, fue Julio Rodríguez Martínez, sin duda el ministro de educación más extravagante y disparatado que ha conocido la reciente historia educativa española, un insospechado Paladín del Estudiantado y firme candidato a Santo Patrón de las Vacaciones.
Todo parece haberse iniciado en una confusión. Franco consultó su lista de ministrables y he hizo llamar a uno de ellos… pensando que estaba llamando a otro.
No debiera de extrañarnos que la historia fuera cierta: los cambios de gabinete eran constantes durante el franquismo, y tenían como objetivo mantener el equilibrio de las diferentes familias del régimen, de forma que no siempre se escogía un ministro por sus idoneidad para el cargo. En todo caso, y según consta en la página del Congreso don Julio fue ministro de Agricultura varias veces, pero como si la carambola fuera una constante en su vida, lo fue siempre por ausencia del titular. Sin duda donde demostró sus dotes visionarias fue en el Ministerio de Educación y Ciencia, donde entró a trabajar el 9 de junio de 1973.
Ya en su nuevo despacho, el señor Julio, nada menos que Catedrático de Cristalografía, Mineralogía y Mineralotecnia, maquinó una de las medidas más delirantes que se recuerden en la administración educativa española, por otro lado tan dada a los desatinos: la decisión de hacer coincidir el calendario escolar con el año natural. Según su particular calendario revolucionario, el curso comenzaría en enero, después de la fiesta de los Reyes Magos, y terminaría en diciembre, antes de navidades. No sabemos si don Julio lo previó o no, pero el caso es que eso implicaba que cien mil bachilleres tendrían unas vacaciones de verano de siete meses. Nunca los estudiantes preuniversitarios debieron estar tan agradecidos a un ministro de educación.
Para evitar contratiempos que entorpecieran sus planes subversivos Julio Rodríguez decidió aprovechar el efecto sorpresa. En una entrevista al diario ABC del 29 de agosto de 1973, y en otra en La Vanguardia el 11 de septiembre, el ministro todavía aseguraba que el plan piloto afectaría sólo a las universidades de Málaga, Extremadura y la cuarta de Madrid, todavía sin crear. Además, según cuentan las crónicas (2), en reciente Consejo de Rectores se había tratado todo el asunto, y no se había aprobado, si no más bien habían acordado estudiarlo con más calma. Fue entonces cuando el original ministro de educación decidió falsificar las actas de la reunión, simulando que el Consejo daba su visto bueno a la operación. Cuando en el siguiente Consejo del 22 de septiembre todo el mundo se dio cuenta del engaño la Orden ministerial ya estaba a punto de ser aprobada. No había plan piloto: Julio tenía la decisión tomada, y el nuevo calendario se aplicaría a toda la universidad española.
En un histórico BOE del 29 de septiembre de 1973 se publica la Orden del día 27 anterior, que determina la aplicación inmediata del nuevo plan, llamado desde entonces con mofa calendario juliano. Merece la pena echar un vistazo a la exposición de motivos de esa Orden del 27 de septiembre, un ejemplo de cómo la autoridad absoluta, si pierde el control, puede convertirse en inesperadamente transgresora:
Con el fin de proporcionar más y mejor educación universitaria, ha de constituirse un sistema educativo que desarrolle al máximo la capacidad de todos y cada uno de los alumnos, mediante la racionalización de algunos aspectos del proceso educativo, aunque para lograrlo deban someterse a revisión algunos esquemas tradicionales.
Fiel a esta idea, se adopta en la presente Orden la medida de política educativa consistente en modificar, con carácter experimental, el tradicional calendario universitario adecuando el año académico al natural, con el convencimiento de que con ello se contribuye a hacer realidad la parte esencial y más noble de la reforma educativa: La calidad de la enseñanza.
Conviene detenerse un momento en esas penetrantes ideas de don Julio: la calidad de la enseñanza como motivo principal de la reforma, la revisión de esquemas tradicionales, vuelta a la naturaleza… ¿Cabe un ministro más hippie? Pues no se pierdan lo que viene a continuación:
En el orden sociológico, dado el derecho de todo ciudadano de un tiempo dedicado al descanso, el sistema que establece permite que todos los alumnos puedan tener su periodo de vacaciones veraniegas obviando los inconvenientes, en este aspecto, de la estructura actual del curso académico, que motiva que los alumnos menos dotados o en los que confluyan circunstancias de la más variada índole no tengan realmente vacaciones, porque cumplido el actual periodo lectivo deben proseguir su preparación para los exámenes de septiembre.
En la Orden del 27 de septiembre descubrimos al Julio más sensible: se acuerda con cariño los suspendedores, tiene en cuenta los menos dotados, acoje en su seno a los desfavorecidos por la suerte, vindica el descanso estival como un derecho humano inalienable… La Orden del BOE se completa con una disertación acerca de la conveniencia de adecuar el año presupuestario y el académico (suponemos que, dado su amor por el descanso, para facilitar la vida a los administradores universitarios), así como la idoneidad de hacer coincidir el año castrense con el escolar (aquí vemos la faceta antimilitarista de don Julio, empeñado en no distraer a los alumnos con fruslerías cuarteleras). No son de despreciar otras medidas de honda inspiración humanitaria: el diseño de unos cómodos plazos de implantación (se comenzaría por primero de carrera) y la previsión, en la disposición 7.1, de cursos de recuperación para los alumnos que quedaran descolgados por culpa de los cambios del calendario (¡qué candidez!). Ni el anarquista Paul Lafargue, en sus sueños más húmedos, hubiera soñado con tan nobles principios. Y es que del carácter sensible del ministro ya se tenían noticias gracias a su vena poética.
Histórico BOE del 29 de septiembre de 1973,
instaurando el calendario juliano.
(pulse en la imagen para ampliarlo).
Para disimular sus actividades descaradamente contraculturales Julio decidió expedientar a unos cuantos catedráticos y profesores de universidad, blandiendo como excusa “la Libertad basada en la Autoridad escrita con mayúscula” (todo un eslogan de clara inspiración ácrata), aunque luego les perdonó (3). La confusión propia de los regímenes en descomposición y el sacrosanto respeto a la autoridad se aliaron para que don Julio se saliera con la suya sin rendir cuentas a nadie. La revolución estaba en marcha y nada ni nadie podía pararla.
Las universidades aplicaron la medida sin ningún entusiasmo. En efecto, la Orden ministerial era de inmediato cumplimiento para todo el sistema universitario español, si bien sólo para primero de carrera. Los que ese año pasaban del bachillerato a la Universidad habrían de esperar a enero siguiente para ponerse a estudiar de nuevo: ¡¡siete meses, siete, de vacaciones por la patilla!! ¡¡Y así todos los años al terminar el bachillerato!! Los testimonios de la época muestran el alborozo con que fue recibida la medida. Ese año por primera vez en la historia miles de bachilleres españoles disfrutaron de unas largas vacaciones, casi eternas, obligatorias y por orden gubernativa.
El cambio generó, como queda dicho, airadas quejas en la Universidad. Incluso entre el levantisco estudiantado, que tal vez por aquello de disimular, también protestó. El caos provocado por la precipitada entrada en vigor del nuevo calendario fue aprovechado por los alumnos con mayor conciencia política antifranquista para montar bulla en los campus, dado que no tenían nada mejor que hacer durante un trimestre entero: el tiempo libre que el nuevo calendario les daba lo dedicaron a protestar… contra el nuevo calendario. Es evidente que algunos no entendieron el giro progresista que estaba dando el ministro. Muchos alumnos, en su despiste, se portaron tan mal que desde el aparato del Estado se comenzó a pedir la cabeza del indomable Julio Rodríguez: en el contexto político de la época, suponemos, provocar algaradas universitarias era un grave error de cálculo político, pues uno de los núcleos más activos contra el régimen era precisamente la Universidad.
Entonces mataron a Carrero Blanco y se terminó el largo verano de la anarquía: muerto su valedor don Julio recibió un cese fulminante, y el 3 de enero de 1974 abandonó el Ministerio tras seis intensos meses de trabajo, motivo por el cual pasó a ser llamado “Julio el Breve”. Nunca sabremos si don Julio tenía preparada otra Orden ministerial revolucionaria declarando vacaciones eternas para los estudiantes de todos los niveles, desde la EGB hasta el Tercer Ciclo.
Al parecer el señor ministro había negado el saludo al cardenal Tarancón durante el funeral de Carrero (suponemos que siguiendo sus convicciones políticas ultrafranquistas afines al Opus Dei o, tal vez, por solidaridad con los cien mil estudiantes que gracias a su perspicacia seguían de vacaciones de verano en pleno mes de diciembre). El gesto desairado le valió caer en desgracia ante parte de la cúpula tardofranquista. Pero ese no parece ser el único semáforo en rojo que se saltó el señor ministro. Las medidas propuestas durante su breve mandato fueron algo más que polémicas:
No hay que olvidar que la etapa de ministerio de Julio Rodríguez había sido tan excepcional en cuanto a las medidas universitarias adoptadas, que sus decisiones adquirieron un gran descrédito, incluso en los medios más adeptos al régimen y en los círculos gubernamentales y de la administración. (Fuente: Universidad de Alcalá).
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=ArYjDok2Qi8
Imágenes de la época:
don Julio destaca por su altura en el minuto 0:58
y en el 2:42 aparece sentado a la derecha de Arias Navarro.
En ambos momentos está disimulando
que es un underground infiltrado en el régimen.
Como relevo de nuestro simpático libertador fue nombrado nuevo ministro Cruz Martínez Esteruelas, un gris abogado nada amigo de la flojera estudiantil: dando un giro a la gestión del ministerio impulsó la odiada selectividad y cerró la Universidad de Valladolid por desórdenes públicos, entre otras medidas antisubversivas. Y derogó el bendito calendario juliano.
Esteruelas firmó el ominoso decreto 198/1974 de 25 de enero que devolvía las calendas a su cauce y la tristeza a los corazones de los estudiantes. Llama la atención, de nuevo, la exposición de motivos, en la que pone a caer de un burro a su predecesor:
Al fijar con carácter experimental un calendario para las Universidades adecuado al año natural se proponía una mejora sustantiva en el rendimiento de la docencia que, necesariamente, quedaba subordinada a las posibilidades reales de la Universidad (…) [además] se producía una solución de continuidad -con discriminación en el calendario y un trimestre poco utilizable- entre los estudios medios y el comienzo de los universitarios que (…) se ha revelado infructuoso, en lo que coiciden las consultas realizadas. En segundo lugar, el calendario escolar -cuya unidad exige la ley- no puede separarse del funcionamiento general de la vida social del país.
En definitiva, el nuevo ministro está llamando panoli al anterior, le está acusando de saltarse la ley a la torera, de hacer perder el tiempo a los bachilleres, de haber descalabrado el calendario de exámenes, de haber hecho las cosas sin preguntar a nadie, de haber descoordinado a la universidad española respecto a la extranjera (cosa que en aquella época no debía ser nada difícil), de no haber mejorado nada y de haber empeorado todo. Y por si esto fuera poco, el nuevo ministro da la estocada definitiva a la anterior reglamentación sugiriéndole a su predecesor que los experimentos los hiciera en su casa y con gaseosa:
Las ansias innovadoras lógicas en busca de una mayor perfección, y establecidas con carácter experimental, se han encontrado con realidades, como son las razones expuestas, que aconsejan volver al calendario por cursos escolares (…).
De esta guisa el nuevo calendario quedaba anulado cuando solamente llevaba unos días funcionando. Eso sí, por el camino quedó dilapidado un trimestre universitario entero. Es evidente que cuando aumentan las vacaciones es porque el curso ha quedado reducido proporcionalmente. Que sepamos nunca se recuperó el tiempo perdido, para mayor gloria de la calidad educativa y nuevo regocijo estudiantil (y, suponemos, profesoril).
En cuanto a Julio Rodríguez Martínez, pese a su breve estancia de seis meses en el ministerio tuvo el valor de escribir un libro sobre su experiencia: Impresiones de un ministro del almirante Carrero Blanco (aquí se puede leer en primicia el primer capítulo).
Ya como ex-ministro, y en una entrevista en ABC [parte 1, parte 2] don Julio reflexiona con melancolía sobre el pasado e insiste en la necesaria reforma del calendario escolar. La entrevista no tiene desperdicio, y es una nueva expresión de amor por los estudiantes:
ABC: ¿No eran unas innovaciones excesivamente radicales?
JRM: Yo pienso que la única forma de erradicar la subversión de la Universidad es reforzar la autoridad académica. La modificación del calendario se hizo a modo experimental, entre otras razones porque había que impedir que en octubre entraran cien mil nuevos alumnos en las aulas, cifra para la que la Universidad no estaba capacitada. Otra razón era la de adecuar el año académico al año económico y tender a un veraneo sin suspensos. Pero sucede que, aunque nos consideremos muy aperturistas y europeos, cuando intentamos introducir, aunque sea a modo experimental, una modificación en las costumbres, nos rasgamos las vestiduras. (4)
Los estudiantes españoles deberían canonizar a este hombre, el único ministro de educación de la historia de España que ha reclamado una canícula libre de exámenes, enfrentándose para ello a una caterva de reaccionarios incapaces de aceptar la modernidad y la innovación pedagógica y perdiendo el cargo por por su heroísmo. Para argumentar tan noble fin echaba mano incluso de la Inmaculada Concepción, una razón tan digna como cualquier otra para tener a cien mil alumnos de vacaciones durante siete meses:
ABC: Pero, ¿se basaba esta experiencia en alguna ya producida en el extranjero?
JRM: No se basaba más que en la observación y el estudio de nuestra realidad, de los supuestos de la Universidad y la vida académica española. Tampoco hemos tenido que seguir al extranjero para el descubrimiento de América o para definir el dogma de la Inmaculada.
Y como don Julio nunca decepciona, la guinda la pone hacia el final de la entrevista:
ABC: ¿Mantiene usted contacto con Cruz Martínez Esteruelas [el nuevo ministro de Educación]?
JRM: Le ofrecí mi colaboración si la precisaba al recibirle en el Ministerio. Pero no tengo contacto. No ha debido precisar mi ofrecimiento.(…)
Lo que no sabemos es de qué se extrañaba don Julio, pues es destino de los visionarios caer en el descrédito.
Y llegamos al final de nuestra investigación. El ministro más dicharachero que ha pasado por la educación española, Julio Rodríguez Martínez, apóstol de los suspendedores, moriría a principios de 1979 en Santiago de Chile, donde estaba visitando a su amigo Pinochet, dejando así huérfanos a todos los estudiantes de España. Fue enterrado en Motril, y su reforma cayó en el más injusto de los olvidos. Nadie ha propuesto nombrarlo Santo Patrono de las Vacaciones, algo que perfectamente se merecería, aunque fuera, como siempre, por simple carambola.
_______________________
Nota: la presente investigación se ha hecho por sugerencia de una compañera de trabajo que recuerda haber vivido con alegría aquellos siete meses de asueto, y que tuvo el privilegio de pertenecer al selecto curso 1974/74. Valga esta larga historia para recordarnos que estos tiempos de extravagancias educativas no son nuevos. Es evidente que cuando los disparates aflojan la soga del estudiante duran menos que la nieve en agosto.
Algunas fuentes consultadas:
(1) AAVV, Crónica de un sueño, Centro de estudios andaluces, Sevilla, 2005, página 30.
(2) Alberto Carrillo Linares: Subversivos y malditos en la Universidad de Sevilla, Centro de estudios andaluces, Sevilla, 2008, página 377.
(3) Ídem, página 379.
(4) Entrevista en ABC del 16 de diciembre de 1974. Hemeroteca ABC, parte 1, parte 2 [PDF: ojo, que tarda en descargarse].
lunes, 8 de abril de 2013
EL EUSKERA Y EL DOGÓN
http://www.deia.com/2013/04/05/sociedad/euskadi/el-euskera-procede-del-dogon-hablado-en-mali
estudio lingüístico de jaime martín
"El euskera procede del dogón, hablado en Malí"
el profesor jaime martín lamenta el poco eco que ha tenido en euskadi su estudio lingüístico
bilbao. El euskera
procede del dogón, uno de los idiomas hablados en Malí, según un estudio
lingüístico realizado por el profesor Jaime Martín, que ha comparado
2.274 palabras de ambos idiomas encontrando semejanzas en el 70% de
ellas. Martín, licenciado en Filología Románica y durante cuarenta años
profesor numerario de Lengua y Literatura en el Instituto Cervantes de
Madrid, ha dedicado doce años a comparar el euskera y el dogón, tanto la
estructura lingüística como el vocabulario. Su conclusión, resumida en
el estudio Un enigma esclarecido: el origen del vasco, es que el
dogón -hablado actualmente por unas 300.000 personas en el país
subsahariano situado entre Argelia y Mauritania- es la lengua originaria
del euskera.
Según explicó "como soy filólogo, sentía curiosidad por el euskera", comentó. Hace unos años leyó una tesis sobre el dogón de la francesa Geneviève Calame-Griaule, la hija de Marcel Griaule, el mayor experto sobre este pueblo, y fue en esa lectura cuando "desde las primeras palabras" observó que había "similitudes entre ambos idiomas en la forma y el significado". Decidió investigar aplicando los criterios científicos, porque el parecido "no podía ser casualidad". Para ello, comparó la estructura lingüística y el vocabulario. Sobre la primera, el dogón y el euskera coinciden en el orden de colocación en las frases, con el sujeto al principio, el verbo al final -la gran diferencia con las latinas- y el objeto directo en el centro. También el demostrativo va después del nombre, cuando en latín y castellano va delante. "Me llevé una sorpresa", confesó. Difieren en que el euskera conserva las declinaciones, que el dogón no tiene. Sobre el vocabulario, ha comparado 2.274 palabras de ambas lenguas, con un resultado de 1.633 pares de semejanza, lo que representa un 70% del total. Según el autor, la lingüística comparativa dice que a partir del 50% de semejanza se puede hablar de parentesco.
No es el primero que busca comparaciones del euskera con otras lenguas. Sin embargo, Koldo Mitxelena rechazó la vinculación del euskera con lenguas africanas. Jaime Martín se puso en contacto con el servicio de difusión del euskera de la UPV y la editorial Auñamendi para presentarles su estudio, pero sin éxito. Ahora, su idea es contactar con Euskaltzaindia o con los filólogos interesados porque Martín defiende que ha tratado de realizar una investigación lingüística rigurosa, sin ideas prefijadas, y no tiene "ningún inconveniente" en contrastarla.
COMENTARIO A LA NOTICIA
Estamos ante una nueva invención cuciplada en Medina Mayrit; la corte de toda suerte de golfos, golfantes y golfillos.
En esta ocasión no ha sido cuciplada la ofensiva paracaidista en la UAM de donde habitualmente sale toda suerte de disparates sino en el instituto Cervantes.
Las maquinaciones urdidas en las calderas Mayritíes para laminar la historia de los pueblos que no se ajustan a su "ortodoxia mozarabita" son cada vez mas fantásticas e ilusorias y provocan la risión generalizada.
Según explicó "como soy filólogo, sentía curiosidad por el euskera", comentó. Hace unos años leyó una tesis sobre el dogón de la francesa Geneviève Calame-Griaule, la hija de Marcel Griaule, el mayor experto sobre este pueblo, y fue en esa lectura cuando "desde las primeras palabras" observó que había "similitudes entre ambos idiomas en la forma y el significado". Decidió investigar aplicando los criterios científicos, porque el parecido "no podía ser casualidad". Para ello, comparó la estructura lingüística y el vocabulario. Sobre la primera, el dogón y el euskera coinciden en el orden de colocación en las frases, con el sujeto al principio, el verbo al final -la gran diferencia con las latinas- y el objeto directo en el centro. También el demostrativo va después del nombre, cuando en latín y castellano va delante. "Me llevé una sorpresa", confesó. Difieren en que el euskera conserva las declinaciones, que el dogón no tiene. Sobre el vocabulario, ha comparado 2.274 palabras de ambas lenguas, con un resultado de 1.633 pares de semejanza, lo que representa un 70% del total. Según el autor, la lingüística comparativa dice que a partir del 50% de semejanza se puede hablar de parentesco.
No es el primero que busca comparaciones del euskera con otras lenguas. Sin embargo, Koldo Mitxelena rechazó la vinculación del euskera con lenguas africanas. Jaime Martín se puso en contacto con el servicio de difusión del euskera de la UPV y la editorial Auñamendi para presentarles su estudio, pero sin éxito. Ahora, su idea es contactar con Euskaltzaindia o con los filólogos interesados porque Martín defiende que ha tratado de realizar una investigación lingüística rigurosa, sin ideas prefijadas, y no tiene "ningún inconveniente" en contrastarla.
COMENTARIO A LA NOTICIA
Estamos ante una nueva invención cuciplada en Medina Mayrit; la corte de toda suerte de golfos, golfantes y golfillos.
En esta ocasión no ha sido cuciplada la ofensiva paracaidista en la UAM de donde habitualmente sale toda suerte de disparates sino en el instituto Cervantes.
Las maquinaciones urdidas en las calderas Mayritíes para laminar la historia de los pueblos que no se ajustan a su "ortodoxia mozarabita" son cada vez mas fantásticas e ilusorias y provocan la risión generalizada.
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